Cáncer de mama en mujeres jóvenes aumenta en México y enciende alertas

El cáncer de mama también está golpeando a mujeres jóvenes en México. Las cifras nacionales muestran un aumento de nuevos diagnósticos en los últimos años, mientras especialistas advierten que la herencia genética, los antecedentes familiares y ciertos hábitos pueden influir en el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, conmemorado cada 19 de octubre, especialistas llaman a no ignorar los cambios en los senos y buscar atención médica ante cualquier señal sospechosa.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los casos nuevos registrados entre personas de 20 años y más pasaron de 15 mil 286 en 2019 a 23 mil 790 en 2022.

Las cifras que ponen en alerta por el cáncer de mama

El incremento de diagnósticos ha reforzado la importancia de conocer los factores asociados con esta enfermedad y promover la detección oportuna.

La tasa de defunciones por cáncer de mama entre mujeres de 20 años y más fue de 18.7 por cada 100 mil en 2024, según las cifras citadas del INEGI.

Aunque el riesgo de morir por este padecimiento aumenta con la edad, los casos en mujeres jóvenes también representan un desafío para los servicios de salud.

Herencia y antecedentes familiares pueden elevar el riesgo

La doctora Rocío Baltazar Contreras, especialista en formación en Oncología en el Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga y egresada de la UNAM, explica que los factores de riesgo pueden dividirse en modificables y no modificables.

Entre los no modificables se encuentran las mutaciones genéticas que predisponen al cáncer y los antecedentes familiares, especialmente cuando la enfermedad se presenta antes de los 50 años.

También se consideran algunos factores reproductivos, como el inicio de la menstruación a una edad temprana y la menopausia después de los 50 años.

La exposición prolongada a estrógeno y progesterona puede influir en el riesgo de ciertos tipos de cáncer de mama, debido a la relación de estas hormonas con el crecimiento de las células mamarias.

Alcohol, sedentarismo y obesidad están entre los factores modificables

Además de la predisposición genética, existen factores relacionados con el estilo de vida que pueden incrementar el riesgo.

Entre ellos se encuentran el consumo de alcohol, el tabaquismo, la falta de actividad física y la obesidad. La alimentación también forma parte de las recomendaciones preventivas, aunque no todos los casos pueden atribuirse a los hábitos cotidianos.

Los patrones reproductivos, como tener hijos a edades más avanzadas o no tenerlos, también se han estudiado en relación con determinados tipos de cáncer de mama.

Asimismo, los investigadores analizan la posible relación entre la exposición a sustancias químicas presentes en algunos productos de uso cotidiano y el funcionamiento hormonal. Sin embargo, todavía no hay evidencia suficiente para atribuir el aumento de diagnósticos en mujeres jóvenes a estos factores ambientales.

La terapia hormonal y los antecedentes de radioterapia en el tórax también pueden influir en el riesgo, por lo que los antecedentes médicos deben considerarse durante una valoración individual.

Estas señales en los senos no deben ignorarse

Reconocer los cambios en el cuerpo puede ayudar a identificar señales que requieren atención médica. Entre las principales alertas se encuentran:

  • Aparición de una bolita o engrosamiento en la mama o la axila.
  • Cambios inusuales en el tamaño o la forma de los senos.
  • Hundimientos, pliegues o alteraciones persistentes en la piel.
  • Retracción del pezón o cambios en su dirección.
  • Secreción inusual por el pezón.
  • Enrojecimiento o hinchazón persistente.

Estos cambios no significan necesariamente que exista cáncer, pero deben ser valorados por personal médico, incluso cuando no provocan dolor.

La autoexploración permite conocer el aspecto habitual de los senos y reconocer alteraciones, pero no sustituye una consulta ni los estudios de detección indicados según la edad, los antecedentes y las características de cada paciente.

Detectarlo a tiempo puede cambiar el pronóstico

La detección oportuna permite identificar tumores en etapas tempranas, cuando las opciones de tratamiento pueden ser más favorables.

De acuerdo con la especialista citada, cuando el cáncer permanece localizado en la mama, la supervivencia a cinco años ronda el 90 por ciento. El pronóstico individual, no obstante, depende del tipo de tumor, su extensión y otros factores clínicos.

Las mujeres menores de 40 años también pueden requerir estudios de imagen o evaluaciones adicionales cuando existen síntomas o antecedentes que lo justifiquen. La elección entre mastografía, ultrasonido u otras pruebas debe realizarse con orientación médica.

El mensaje de los especialistas es que la edad joven no elimina la posibilidad de desarrollar cáncer de mama. Conocer los antecedentes familiares, atender los cambios físicos y acudir a consulta sin demora son medidas importantes para favorecer un diagnóstico temprano.