
En el corazón de Xochimilco, el lago de los aztecas, la historia vuelve a escribirse en cada palo y en cada barca que navega por sus tranquilos canales. Jasmín Ordóñez es una de las propietarias de estas islas flotantes que se conoce como chinampas, construidas hace miles de años para cultivar la tierra. Sin embargo, su camino hasta llegar a ser dueña de uno de estos territorios no ha sido fácil.
Mientras la barca avanza lentamente por un canal estrecho, flanqueado por las chinampas, Jasmín reflexiona sobre la lucha que tuvo que enfrentar para adquirir una de estas islas. “Nos quedamos sin tierra porque a mi abuela le robaron la nuestra”, dice con un toque de tristeza en su voz. La historia de la familia Ordóñez es larga y complicada, pero Jasmín se enfoca en el presente y en la lucha que ha llevado a cabo para mantener viva la tradición de cultivar en estas islas.
A medida que la barca navega, Jasmín describe cómo la vida en las chinampas es un equilibrio delicado entre la naturaleza y la humanidad. “Nuestros abuelos sabían que había que respetar a la madre agua”, explica, refiriéndose al lago de Xochimilco que rodea las islas. “Por eso siempre hemos pedido permiso antes de hacer cualquier cosa, como si fuera una forma de orar”. La relación entre los chinamperos y el agua es profunda, y Jasmín asegura que sigue siendo así hoy en día.
La lucha para conservar la identidad cultural y la tradición agrícola ha sido larga y difícil para Jasmín y su familia. “Mi abuela siempre decía: ‘La tierra no se vende, se hereda'», recuerda con nostalgia. Sin embargo, cuando Jasmín y sus hermanos crecieron, decidieron seguir los pasos de su madre y adquirir una chinampa para continuar la tradición. “Fue un proceso difícil, pero al final conseguimos”, dice orgullosa.
La vida en las chinampas es dura, pero Jasmín asegura que no hay nada más satisfactorio que ver cómo la naturaleza se une con la humanidad. “Cuando vienen los turistas y ven cómo cultivamos la tierra de manera ecológica, les damos un ejemplo de cómo vivir en armonía con el medio ambiente”. La chinampa de Jasmín es un reflejo de la vida en general: un equilibrio entre lo natural y lo humano.
A medida que la barca avanza por los canales, se pueden ver las chinampas desde diferentes ángulos. Algunas están abandonadas, cubiertas de hierba y madera podrida; otras siguen siendo cultivadas con la misma dedicación y esfuerzo que generaciones atrás. La vida en Xochimilco es un proceso lento y paciente, como el agua que fluye a través de los canales.
La historia de Jasmín Ordóñez es solo una parte de la larga historia de las chinampas. Sin embargo, su lucha para conservar la tradición y mantener viva la cultura azteca es un reflejo de la importancia de preservar el pasado en el presente. En Xochimilco, la madre agua sigue siendo el corazón del lago, y las chinampas son el reflejo de la vida que se vive en armonía con ella.
