
En la intersección de la modernidad y el pasado, Ciudad de México esconde uno de sus más valiosos tesoros arqueológicos. Cuicuilco, ubicado en el sur de la ciudad, podría ser fácilmente olvidado entre los rascacielos y centros comerciales que lo rodean. Sin embargo, su importancia histórica y cultural no puede ser subestimada. En este lugar se veneraba al dios del fuego en tiempos prehispánicos, una evidencia palpable de la riqueza y complejidad de la civilización azteca.
Evangelina Báez, madre de dos hijas, descubrió el secreto de Cuicuilco hace poco más de un mes. Su visita forma parte de un programa mensual de tours organizados por una institución cultural local que busca revitalizar la conciencia sobre el patrimonio histórico de la ciudad. «Esto es increíble», dice Báez, emocionada aún por la experiencia. «La urbanización puede parecer abrumadora en primera instancia, pero cuando llegas a Cuicuilco, sientes un remanso de paz». Es como si el tiempo se detuviera y pudieras conectarte con los ancestros que antecedieron a nuestra ciudad.
El basamento de Cuicuilco es un testigo silencioso del pasado. Aunque rodeado de edificios y la vida moderna, el sitio arqueológico mantiene su encanto original. Las ruinas se extendían sobre una superficie de más de 50 hectáreas, con estructuras ceremoniales y residenciales que reflejan la complejidad de la sociedad azteca. En el corazón del sitio, se encuentra el Templo Mayor, un lugar sagrado donde los sacerdotes ofrecían sacrificios humanos a los dioses.
La visita a Cuicuilco no es solo una oportunidad para explorar el pasado, sino también para conectarse con la cultura y la identidad de la ciudad. Según Báez, la experiencia fue emocionante para sus hijas, que se sorprendieron al descubrir que el lugar donde vivían tenía tanta historia detrás. «Fue como si descubrieran un nuevo mundo», afirma. «Vieron cómo las estructuras antiguas se entrelazaban con la vida moderna y se sintieron orgullosas de ser parte de esta ciudad».
El programa de tours mensuales en Cuicuilco es una iniciativa valiosa que busca concienciar a la sociedad sobre el valor de su patrimonio histórico. A través de estas visitas, los ciudadanos pueden conectarse con su pasado y comprender mejor la complejidad de la cultura azteca. Además, estos tours fomentan la conservación del sitio arqueológico y la protección de la riqueza cultural que contiene.
Para Báez, la visita a Cuicuilco fue un momento para conectarse con su propia identidad como ciudadana de Ciudad de México. «Me siento orgullosa de ser parte de esta ciudad», dice. «Cuicuilco es un reflejo del legado cultural que nos une». La experiencia en el sitio arqueológico la hizo reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros podemos jugar en la conservación y protección de nuestro patrimonio histórico.
En resumen, Cuicuilco es más que solo un lugar arqueológico. Es una ventana al pasado que nos permite conectarnos con nuestra identidad como ciudadanos de Ciudad de México. A través del programa de tours mensuales, podemos descubrir el secreto detrás de este sitio y comprender mejor la riqueza cultural que nos rodea.
