
La noche del 8 de septiembre fue un momento de terror para Lilia Ramírez y muchos otros vecinos de Poza Rica, Veracruz. Justo antes de que el agua del río desbordado llegara a la vivienda, salió corriendo, sin saber qué destino le esperaba. Regresó minutos después y se encontró con un panorama devastador: su hogar, antes colorido y acogedor, ahora cubierto de manchas negras de petróleo que ascendían desde el techo hasta el piso.
La escena era tan surrealista que Lilia apenas podía creer lo que veía. «Nunca en la vida había quedado así de chapopote», se ríe con amargura, mostrando las paredes dañadas de su vivienda. La casa, que antes tenía un toque rosa en sus paredes, ahora estaba cubierta de negro petróleo, como si la naturaleza misma hubiera decidido darle un nuevo color.
La alerta había sido temprana, gracias a una sirena instalada cerca de las instalaciones de Petróleos Mexicanos. Roberto Olvera, vecino y amigo de Lilia, recuerda cómo la sirena comenzó a sonar con insistencia, advirtiendo del riesgo inminente de inundación. «Fue un momento muy intenso», recuerda Roberto. «La sirena nos dio tiempo para evacuar, pero no para salvar nuestros bienes».
En efecto, el agua del río desbordado llegó con fuerza, alcanzando la segunda planta de las viviendas y dejando un rastro de destrucción en su paso. La ciudad de Poza Rica ha visto una serie de inundaciones en los últimos años, pero esta fue especialmente grave debido a la cantidad de petróleo que se desprendió del lodo y fluyó por las calles.
La situación es aún más complicada para Lilia y sus vecinos, ya que muchos de ellos no tienen seguro contra inundaciones ni tienen recursos para reparar los daños causados. La ayuda comienza a llegar, pero es poco probable que sea suficiente para rehabilitar completamente la zona afectada.
La tragedia ha generado un sentimiento de aprensión en la comunidad. «Es como si la ciudad estuviera sitiada», dice Roberto, refiriéndose al miedo y la incertidumbre que reina en el aire. La gente se pregunta qué más puede pasar y cómo pueden protegerse a sí mismos y sus hogares.
Para Lilia, la experiencia ha sido especialmente difícil. La pérdida de su hogar y los recuerdos que contiene es un golpe duro para ella. «Era mi casa, donde crecí, donde tuve hijos», se ríe con tristeza. «No sé qué hacer ahora». La respuesta a esta pregunta puede tardar en llegar, pero una cosa está clara: la gente de Poza Rica necesita ayuda y apoyo para superar este momento de crisis y reconstruir su ciudad.
