El Santo Oficio designa magistrados para investigar y sancionar los delitos de abuso sexual cometidos por un ex-jesuita, en un caso que compromete la credibilidad de la Iglesia Católica.

En un movimiento inusual, el Vaticano anunció el lunes que había designado jueces para decidir el destino del reverendo Marko Ivan Rupnik, un exjesuita artista cuyo trabajo decoró basílicas en todo el mundo. Sin embargo, su legado ha sido empañado por serio acusaciones de abuso sexual, espiritual y psicológico hacia más de dos docenas de mujeres.

La orden religiosa jesuita, con la que Rupnik estuvo asociado durante décadas, ha sido objeto de críticas severas por su papel en el caso. Se sugiere que tanto el papa Francisco como la oficina del Vaticano, encabezada por jesuitas, protegieron a Rupnik durante años al desestimar las acusaciones de abuso sexual. Esto ha llevado a cuestionamientos sobre la capacidad del Vaticano para investigar y sancionar casos de abuso sexual dentro de su propia organización.

Las acusaciones contra Rupnik datan atrás en el tiempo, pero han sido reiteradas en los últimos años por varias mujeres que afirman haber sufrido abuso a manos del exjesuita. Señalan que Rupnik utilizó su autoridad y posición para manipularlas emocionalmente y físicamente, lo que les causó daño psicológico y espiritual.

A pesar de estas acusaciones, Rupnik continuó siendo un figura respetada en el mundo católico, y su arte se exhibió en algunas de las basílicas más importantes del mundo. Sin embargo, el anuncio del Vaticano sobre la designación de jueces para investigar el caso sugiere que la institución está tomando medidas para abordar lo que parece ser un patrón de abuso sexual y espiritual dentro de su propio seno.

La designación de jueces es un paso importante en la dirección correcta, ya que hasta ahora el Vaticano había sido criticado por no investigar adecuadamente los casos de abuso sexual. Sin embargo, la cuestión permanece sobre si el Vaticano ha tomado medidas suficientes para proteger a las víctimas y prevenir futuros casos de abuso.

La orden religiosa jesuita también ha sido objeto de críticas severas por su papel en el caso. Se sugiere que la orden no investigó adecuadamente las acusaciones contra Rupnik y, en lugar de eso, lo protegió y permitió que continuara ejerciendo influencia sobre sus seguidores.

La situación es particularmente desalentadora dado que Rupnik fue un figura respetada dentro de la orden religiosa jesuita y se supone que era un ejemplo a seguir para los miembros de la orden. Sin embargo, ahora su legado ha sido empañado por serio acusaciones de abuso sexual, espiritual y psicológico.

La designación de jueces para investigar el caso puede ser un paso importante hacia la justicia y la reconciliación. Sin embargo, lo que realmente importa es que el Vaticano y la orden religiosa jesuita tomen medidas efectivas para proteger a las víctimas y prevenir futuros casos de abuso. Solo entonces podremos hablar de un verdadero cambio en la cultura del Vaticano y la orden religiosa jesuita.