
La evolución de la condición corporal ha sido un proceso largo y complejo, que ha ido más allá de simple movilidad para convertirse en una forma de expresar virtud, disciplina y moralidad. La historia del cuerpo humano nos muestra cómo el ejercicio, que originariamente era un instinto natural, se transformó en un régimen regulado por la sociedad.
En la Grecia antigua, el cuerpo se convirtió en una escultura perfecta, con músculos definidos y siluetas elegantes. La idea de una figura atlética era considerada la personificación de la virtud y la perfección humana. El ejercicio físico se volvió un medio para demostrar valentía, fuerza y control sobre el propio cuerpo.
Más adelante, en la Roma imperial, el cuerpo se transformó en un instrumento disciplinado y controlado. La práctica del ejército y las luchas gladiáticas exigían una rigurosidad y una precisión extremas, lo que llevó a considerar el ejercicio físico como una forma de demostrar patriotismo y lealtad a la patria. El cuerpo se convirtió en un campo de batalla para la lucha contra las pasiones y los vicios.
En la época moderna, el cuerpo se transformó en una maquinaria precisa y regulada por horarios y rutinas. La invención del reloj y la creación de horarios laborales fijos llevaron a considerar el ejercicio físico como una forma de organizarse y estructurar el día. El cuerpo se convirtió en un instrumento para alcanzar la productividad y la eficiencia.
Sin embargo, es importante recordar que originalmente el movimiento no fue ni virtud, ni disciplina, ni horario. Fue un reflejo natural, una reacción al miedo y a la necesidad de supervivencia. El hombre aprendió a correr porque necesitaba huir, a lanzar porque el hambre no toleraba distancia, y a nadar porque los ríos no tenían puentes.
Es probable que, como escribió Manuel Vázquez Montalbán, el hombre aprendiera a correr porque necesitaba huir. Aprendió a lanzar porque el hambre no toleraba distancia, y a nadar porque los ríos no tenían puentes. El movimiento era una forma de respuesta al miedo, no una idea del bienestar.
En la actualidad, es importante volver a considerar el ejercicio físico como un instinto natural, y no como una virtud o un horario. Dejemos de moralizar sobre el cuerpo y su capacidad para moverse, y volvamos a considerarlo como una forma de expresarse, de conectarnos con la naturaleza y de disfrutar del mundo que nos rodea.
Es hora de dejar que el cuerpo vuelva a ser lo que siempre fue: un instrumento natural, flexible y adaptable, que se mueve por instinto y no por reglamento. Es hora de volverse más humanos y dejar que el movimiento sea una forma de expresión, en lugar de una forma de control.
