
Con un brillo intenso en sus ojos y una sonrisa calurosa, el doctor Rubén Argüero Sánchez se entrega sin reparos a la conversación. Su pasión por la medicina es contagiosa, y su historia inspiradora. Como pionero en la realización del primer trasplante de corazón en el país y en aplicar células madre en el corazón, ha dejado huella indeleble en el mundo médico.
La profesión de Argüero no fue una elección casual. Fue su amor por hacer siempre algo por los demás lo que lo llevó a dedicarse incondicionalmente a la medicina. «Sé que puedo cambiar la vida de alguien», dice con sinceridad, «y eso es lo más valioso que puedo ofrecer». Su esposa, la doctora Nuria de Buen, su compañera inseparable y apoyo indisoluble, siempre ha estado a su lado, animándolo y apoyando sus decisiones.
La decisión de especializarse en cardiología no fue una elección fácil. Argüero recuerda que, cuando era estudiante de medicina, se sintió atraído por la complejidad del corazón humano. «Es como un organismo autónomo», explica, «con sus propias funciones y patologías». Su interés en el corazón lo llevó a realizar su residencia en cardiología y a especializarse en cirugía cardíaca.
La oportunidad de realizar el primer trasplante de corazón en el país llegó en la década de 1980. Argüero recuerda que, en ese momento, no había experiencia previa en el país sobre este tipo de intervención. Sin embargo, su confianza y habilidades le permitieron llevar a cabo con éxito el primer trasplante de corazón en el país.
Pero Argüero no se detuvo allí. Su pasión por la innovación y la investigación lo llevó a explorar nuevas terapias para tratar las enfermedades cardíacas. Fue uno de los primeros médicos en aplicar células madre en el corazón, un avance que revoluciona la forma en que se abordan las enfermedades cardiovasculares.
La aplicación de células madre en el corazón es un campo en constante evolución. Argüero explica que, actualmente, las células madre pueden ser utilizadas para reparar tejidos dañados y fomentar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Esto puede ser especialmente beneficioso para pacientes con enfermedades cardíacas crónicas, como la insuficiencia cardiaca.
A medida que hablamos, es evidente que Argüero no es solo un médico destacado, sino también una persona apasionada y humana. Su amor por su esposa y su familia es palpable, y su dedicación a su trabajo es inspiradora. Cuando se le pregunta qué le hace sentir orgulloso, responde sin vacilar: «Saber que he podido cambiar la vida de alguien».
La legado de Argüero no se limita solo a sus logros médicos. Su dedicación a la enseñanza y el entrenamiento de nuevos generaciones de médicos es igualmente importante. Ha sido profesor en varias instituciones universitarias y ha supervisado a numerosos residentes y fellows.
En una sociedad en la que el estrés y el burnout son comunes entre los médicos, Argüero ofrece un ejemplo inspirador de dedicación y pasión por su trabajo. Su amor por la medicina es contagioso, y su historia puede motivar a otros a seguir su ejemplo.
Cuando se le pregunta qué mensaje quiere dejar a los lectores, Argüero responde con calma: «La medicina no es solo sobre curar enfermedades, sino también sobre cuidar al paciente como ser humano. Debemos ser apasionados por lo que hacemos y tener la capacidad de empatizar con nuestros pacientes». Es un mensaje que resonará en el corazón de cualquier médico o persona interesada en la medicina.
